Una producción coordinada

Cortadas en España en base a los diseños, las piezas de piel se envían al Maasai Mara para ser distribuidas entre todas las manyattas (asentamientos donde viven los maasai) que participan en el proyecto.

Allí, a miles de kilómetros de distancia, en la sabana africana, sin carreteras, conversando en swahili y rodeadas de animales salvajes, las mujeres conforman un entorno de trabajo singular para bordar las pieles de Pikolinos con las insignias, colores y diseños típicos de su identidad cultural.



 
Entre puntadas hay sonrisas, cánticos y conversaciones. Sin salir de su entorno y sin perjudicar la cultura ni su estilo de vida, han aprendido el significado de una horma, una ficha técnica o un control de calidad y conforman un proceso de producción propio, con un horario y un ritmo de trabajo muy particular que ellas marcan.

Una vez bordados, los productos se envían de vuelta a España, donde las pieles trabajadas por las mujeres Maasai se convierten en un par de sandalias Pikolinos que reflejan la esencia de esta comunidad.

Un universo lleno de colores, aromas y sonidos que llenan la inmensidad del Mara; donde la vida pasa de un modo distinto, donde la naturaleza lo es todo.